Dentro del mes dedicado a la salud mental en «Los 9 hoyos de Arcosur Golf», compartimos este artículo elaborado por PSIDEVA (Psicología, Deporte y Valores), que invita a reflexionar sobre la importancia de hablar, normalizar y cuidar el bienestar emocional en la práctica deportiva.
Hablar de lo que sentimos también es entrenar.
Rompe el silencio: hablar, normalizar y cuidarse también es entrenar
Hablar de lo que sentimos nos hace más humanos, más conscientes y mejores deportistas.
Durante mucho tiempo, la salud mental en el deporte ha sido un tema envuelto en el silencio y el tabú. Hablar de ansiedad, estrés, bloqueo, baja motivación o falta de confianza se interpretaba como una señal de debilidad. Sin embargo, cada vez más deportistas están demostrando que pedir ayuda, expresar emociones y cuidarse psicológicamente son actos de valentía y madurez deportiva. Porque la salud mental es parte esencial del rendimiento, del aprendizaje y del bienestar.
Aunque la normalización y el cuidado avanzan, todavía encontramos ideas erróneas que frenan a muchas personas. Por eso hoy vamos a romper algunos mitos.
Mito 1. “Si tengo ansiedad o estrés es porque no estoy preparado”
Este mito genera mucha culpa y autocritica innecesaria. La ansiedad y el estrés no significan falta de capacidad, sino que son respuestas naturales del cuerpo ante demandas, cambios o desafíos. En el deporte el estrés o la ansiedad puede aparecer incluso cuando uno está bien entrenado. De hecho, puede surgir por factores como expectativas altas, presión por mejorar, competir, compararnos con otros, por falta de descanso e, incluso, por cambios en la rutina.
El objetivo no es “evitar el estrés”, porque es imposible. La clave es entenderlo, regularlo y utilizarlo a nuestro favor, convirtiéndolo en energía funcional. Aprender herramientas de respiración, mindfulness, visualización o rutinas pre-golpe puede marcar una gran diferencia.
Rompe el mito: Habla de tus emociones sin juzgarte. Decir “hoy estoy nervioso”, “estoy frustrado” o “me siento bloqueado” humaniza la experiencia deportiva.
Mito 2. “Los buenos deportistas no se frustran ni se derrumban”
La frustración forma parte del proceso deportivo. Incluso los mejores del mundo fallan golpes, toman malas decisiones o se vienen abajo emocionalmente. Lo que diferencia a un deportista equilibrado no es la ausencia de emociones difíciles, sino su capacidad para reconocer lo que siente, regular la frustración, volver a centrarse, aprender del error, no castigarse por él y mantener la perspectiva.
Los deportistas expertos integran el error como un paso más del camino, no como un signo de incapacidad. La fortaleza mental no consiste en no sentir, sino en saber gestionarse.
Rompe el mito: Valida las emociones de los demás. Cuando escuches a alguien compartir una dificultad, evita minimizarla. Acompaña, pregunta, apoya.
Mito 3. “Pedir ayuda es un signo de debilidad”
Este mito impide que muchas personas accedan a recursos que podrían mejorar enormemente su bienestar. En realidad, pedir ayuda es un acto de valentía, responsabilidad y autocuidado.
En el deporte lo vemos claramente: si una jugadora tiene dolor físico, busca un fisioterapeuta. Si quiere mejorar su técnica, busca un entrenador. Pero si tiene un problema emocional, lo oculta. Trabajar con una psicóloga deportiva o un profesional de la salud mental puede ayudar a manejar la presión, recuperar la motivación, ganar confianza, organizar objetivos, superar bloqueos y disfrutar más del deporte, entre otros.
La ayuda profesional no es para “quienes no pueden solos”, sino para quienes quieren avanzar acompañados.
Rompe el mito: Integra la psicología como parte del entrenamiento. Al igual que se trabaja técnica o fuerza, reservar espacio para la mente debería ser algo habitual.
Mito 4. “La emoción se controla con fuerza de voluntad”
La fuerza de voluntad sirve para comprometerse con un objetivo, pero no basta para gestionar emociones complejas. La regulación emocional es un conjunto de habilidades que se aprenden y entrenan, igual que la técnica deportiva.
En la práctica, esto significa que no se puede “ordenar” al estrés, la frustración o los nervios que desaparezcan. Se necesita aprender a respirar de forma funcional, identificar pensamientos automatizados, practicar técnicas de reencuadre mental, incorporar pausas y estrategias de recuperación, etc. En el golf, por ejemplo, regular la activación es tan crucial como tener un buen swing. La cabeza y el cuerpo trabajan juntos, no se corrigen solo con voluntad.
Rompe el mito: Desnormaliza la idea de “aguantarse”. Aguantar no es lo mismo que gestionar. Enseñar herramientas de regulación emocional es mucho más efectivo.
Mito 5. “La salud mental solo importa en deportistas profesionales”
La salud mental es relevante para todas las personas que practican deporte, independientemente de su nivel, edad o frecuencia de práctica. Por ejemplo:
- Deportistas amateurs: gestionan frustración, motivación, comparaciones y expectativas.
- Jóvenes deportistas: necesitan aprender a manejar presión y autoconfianza desde etapas tempranas.
- Personas mayores: el deporte aporta autoestima, socialización y una sensación de propósito.
Rompe el mito: Fomenta espacios seguros de conversación. Tanto en clubes como en equipos o grupos de entrenamiento, crear momentos para compartir experiencias fortalece la salud mental colectiva.
En el deporte la salud mental se relaciona con el rendimiento y el disfrute. Cuidarla no es un lujo ni una opción: es parte integral de practicar deporte de forma saludable. Hablar abiertamente sobre la salud mental mejora las relaciones entre compañeros, entrenadores y jugadores. Así que aprovechar ese entorno para hablar de emociones, retos y dificultades es una forma poderosa de romper estigmas.
Superar estas creencias erróneas tiene un impacto directo en la forma de vivir y disfrutar el deporte. Porque cuando normalizamos lo que sentimos, dejamos de luchar contra nosotros mismos. Además, una mente equilibrada aprende más rápido, se concentra mejor y toma decisiones más acertadas, lo que favorece el rendimiento. Poder pedir ayuda a tiempo evita que el malestar se acumule y derive en bloqueos, abandono deportivo o agotamiento emocional.
Hablar de salud mental no resta fortaleza: la multiplica. El deporte puede ser un espacio para crecer, pero solo cuando se vive con autenticidad, apoyo y conciencia. Recuerda, romper tabús es abrir puertas: a cuidarse, a aprender y a disfrutar más.